Muere lentamente quien evita una pasión
y su remolino de emociones,
justamente estas que regresan
el brillo a los ojos y
restauran los corazones.
(P. Neruda)



A todos aquellos que me han acompañado en algún momento de mi camino, a los que aun permanecen y a los que me han abandonado. A todos los que me han amado, y a aquellos que no lo consiguieron. Pero sobre todo a los que aún me quieren y siguen junto a mi. Porque de todos aprendí y  sigo aprendiendo.


Montaje fotográfico de amanecer en la playa de Rodalquilar: http://www.youtube.com/watch?v=J4aOX13FL0Y

Playa de agua amarga. 26 de diciembre de 2012.

Hemos salido del invierno y regresado a la primavera. Un sol espléndido nos ha acompañado durante todo el viaje y aunque hemos salido de Madrid con una aviso en el cuadro de mandos de “temperatura exterior baja”aquí en Almería parece que el tiempo no sabe que estamos en diciembre.
Estamos en la playa de Agua Amarga ( 36º56’19.73”N; 1356’11.04”O) acompañados por cinco autocaravanas más, la mayoría alemanas y ninguna nacional. Nos rodea la paz y estamos mecidos por el rumor de las cercanas olas. Y hoy, especialmente hoy, y no sé porque, he tenido una especie de ataque de extraña sensibilidad aunque alguien podría llamarlo “sensiblería” .  Creo que además de haber comenzado un viaje en busca de playas solitarias, también estoy inmersa en una especie de “viaje interior”, iniciado posiblemente y contra mi voluntad, hace poco más de cinco meses…

 Y buscando el punto de inicio de este corto viaje hemos parado en un sitio absolutamente sorprendente: las cuevas de Sorbas en el paraje natural Karst en Yesos de Sorbas, espacio protegido donde se encuentran más de un millar de cuevas excavadas en la roca de yeso.

La visita hay que concertarla con anterioridad  llamando al 950 36.47.04.
http://www.cuevasdesorbas.com/es/index.htm


Hay dos rutas, la básica de una hora y media de duración y que recorre una cueva de yeso, y la combinada  de unas 4 horas y en las que se visita esta cueva de yeso y una de estalactitas y estalagmitas  y con mayor dificultad que la primera. Puesto que ya tenemos en nuestro haber la visita a varias de estalactitas y estalagmitas,  y ninguna de yeso, además de sumar la limitación del tiempo, nos decidimos por hacer la ruta básica.  De entre los posibles horarios (11 ,13 y 16) elegimos el último.

Así nuestro primer punto de destino serían estas cuevas a donde habíamos programado nuestra llegada alrededor de la hora de comer. Y lo cumplimos. Sin nada que destacar, llegamos a esta localidad donde hay una pequeña indicación  hacia las cuevas. Comimos a la sombra de un olivo en el aparcamiento (37º05’36.02”N; 2º06’25.21”O) y a las 16 horas nos encaminamos a la entrada. Pocos minutos después llego nuestra guia quien después de proporcionarnos unos gorros y cascos y comprobar que nuestro calzado era adecuado, nos condujo por un estrecho barranco (el del Infierno) cuyas paredes verticales en yeso nos comenzaron a sumergir en un mágico mundo.
Caminamos por lo que es el cauce de un río en un mundo lleno de cristales de yeso, donde la luz de las linternas de nuestros cascos era reflejada por  impresionantes paredes y techos cuajados de estos cristales que brillaban en la oscuridad produciendo una mágica sensación de irrealidad. Aunque el trayecto es sencillo no está exento de tener que arrastrarse, retorcerte, subir, bajar y saltar para aprovechar los recovecos que permiten el paso y evitar el agua que, ahora en diciembre y después de las recientes lluvias, discurre por la cavidad a modo de un transparente arroyo. Contemplamos grandes moles de yeso desprendidas del techo  y el yeso cristalizado en punta de flecha llenando todo lo que nos rodeaba, pero quizás lo más espectacular es un techo que el desprendimiento de enormes bloques ha dejado al descubierto y que lo denominan la Alhambra. Aquí  la naturaleza ha sido realmente caprichosa y ha derrochado belleza dejando que el sorprendido visitante  contemple, todo al alcance de la mano, una espectacular cubierta de cristales de yeso que cuelgan de él .
En lo más profundo de la cueva apagamos nuestras linternas y permanecimos unos minutos en silencio. Así quedamos desprovistos de nuestros dos sentidos principales, incapaces de ver nada más que la oscuridad más absoluta y de oir solo un sobrecogedor silencio. Y realmente creo que si durara mucho más se haría insoportable. Y a 50 metros bajo tierra, pese a este silencio y oscuridad, dudo de que pudiera dormir una noche aquí, porque su profundidad casi lo hace espeluznante.

Impresionados por esta cueva cuya visita recomendamos, y con tan solo 45 minutos de luz por delante, pusimos rumbo a donde nos encontramos ahora.

Y dirigiéndonos aquí comenzó “mi viaje”. Tras subir una loma apareció al  fondo el mar. Este mar que me tiene hechizada, que me atrae irresistiblemente con su inmensidad, infinitud, su belleza, su misterio, … y las lágrimas afloraron a mis ojos y de pronto me retrotraje tan solo unos segundos cinco meses atrás. Las fugaces imágenes del accidente fueron súbitamente sustituidas por las de la belleza que tenía frente a mi. Y me sentí inmensamente feliz, no sólo por ser capaz de disfrutar de ella, sino por hacerlo con una pasión que me sorprendió. Parecía que lo mirara con unos ojos nuevos, los de un niño que jamás había visto el mar.

La noche fue cubriéndonos suavemente con su manto, y el tono dorado se fue oscureciendo lentamente hasta que los tonos  oscuros se impusieron. La luna impide que nos rodee la oscuridad iluminando tímidamente el mar. Me invaden los recuerdos y regreso al día  4 de julio. No puedo evitar recordar todo lo sucedido en unos pocos segundos. A veces me siento extraña, como si no me reconociera a mi misma. Ese día marco un punto de inflexión. Es como si súbitamente se hubiera despertado el lado semisalvaje que siempre he llevado y que permanecía enterrado en medio siglo de años, de rutinas, de responsabilidades...Renace mi espíritu rebelde, aquel que me hace amar la vida, y aflora la pasión, la que me hace emocionarme con pequeñas cosas y  ver y sentir más intensamente. A veces, me reconozco con dificultad y si lo hago fácilmente me voy 30 años atrás, como si no se correspondiera  con mi edad.

Hemos llegado a las 18,15 a el playazo de Rodalquilar  (36º 51'28,78”N; 2º 0'14.56”O). Anochece ya, pero una impresionante luna llena iluminaba esta hermosa playa  y el mar parece reir  en una esquina al ser acariciado por la luz plateada que la luna reflejaba sobre él. Qué espectáculo más hermoso!. Aquí habíamos estado esta mañana, pero si bien nuestra intención era dormir en alguna de las playas de San José, las prohibiciones que hemos ido encontrando nos lo han impedido.

27 de diciembre de 2012. De Agua Amarga a El Playazo de Rodalquilar
Hemos comenzado el día demasiado pronto. A las 5 de la mañana un repetitivo “bip-bip-bip” nos ha sacado de la cama. Como no conocemos todavía la autocaravana, hemos estado leyendo las instrucciones. Solo se quitaba el ruidito poniendo la llave en el contacto y girando levemente, pero...a los 30 minutos comenzaba otra vez. Un poco pasadas las 8 hemos llamado a la Ford quien nos confirma que el ruido parece más bien ser de la alarma. Fugazmente y mientras hacíamos la llamada, hemos contemplado un intenso amanecer.

Después de desayunar Angel ha accedido al motor y hemos localizado el ruido que parece provenir de la sirena de la alarma. Parece que hay algún cable flojo o con mal contacto ya que al tocarlo dejaba de sonar.

Nuestro primer punto de destino era hoy la Cala del Plomo a la que el tom tom no me ha podido llevar ya que no reconocía las coordenadas encontradas en google earth como un lugar habitado así que saliendo de Agua Amarga dirección sur nos hemos desviado en una señal en la carretera que la indicaba a una distancia de 7 km. Por un camino, digamos que transitable aunque no en muy buen estado, nos hemos internado en un paisaje salvaje de una especial belleza a quien le guste, como a nosotros, estos paisajes agrestes un tanto desolados, para desembocar en una pequeña playa donde un grupo de blancas casas se apelotonan en una loma.
Y nos encontramos un grupo de autocares viejos y desvencijados, alemanes principalmente, que parecen pasarse aquí todo el invierno o  al menos gran parte de él, ya que por su aspecto parece que vayan a  desguazarse circulando por estos caminos.

La cala es bonita, y sobre todo, con una curiosa arena negra cuyo peso es mayor que el de la arena normal dorada. Suponemos que debe deberse a su nombre. Pero sinceramente, yo creo, y es solo mi juicio, que no merece la pena hacerse casi 15 kilómetros entre ida y vuelta para verla.No nos resulto muy atractiva, así que pusimos rumbo a la siguiente, a El Playazo, donde además tenemos previsto realizar una pequeña ruta que une esta playa con la de Las Negras.

De la AL-4200 sale una pista asfaltada que tras unos 2 kilómetros nos deja en esta playa (36º51’41.27”N; 2º00’23.15”O). A mitad de camino encontramos a nuestra derecha la torre de Los Alumbres del XVI construida para defenderse de los ataques de los piratas. Al final aparece a nuestra derecha esta hermosa playa de arenas doradas. Algunas autocaravanas estás dispersas por la zona.

Aparcamos y nos disponemos a hacer esta senda denominada de La Molata de un kilómetro y medio, catalogada como de dificultad media. Al principio del camino hay un cartel que ofrece información a los senderistas.  Comenzamos ascendiendo en dirección al castillo de San Ramón, aunque dejamos atrás esta fortaleza (realmente parece que es una batería de costa) a nuestra derecha para remontar parcialmente la ladera del cerro de la Molata alejándonos algo de la costa. Después, cruzamos un pequeño puente de madera para acercarnos a la costa de nuevo. Unos metros más adelante nos asomamos a un mirador sobre el acantilado donde disfrutamos de una espléndida vista que abarca El Playazo, la ensenada y los acantilados de un tono dorado realzado por su contraste con el color azul intenso del mar. El camino asciende suavemente en algunos tramos para después de unos 40 minutos asomarnos a la Cala del Cuervo junto al camping y al fondo la población de las negras cuyas blancas casas contrastan con el tono oscuro de la arena de la playa.  Decidimos subir  a nuestra derecha a una loma desde la que podemos contemplar mejor estas dos playas disfrutando de una hermosa vista.

Y ya que estábamos allí, decidimos regresar por la ladera que da al mar en vez de por donde habíamos venido, y si bien era mucho más bonita, su dificultad no la hace aconsejable.  El comienzo es un pequeño y estrecho sendero que al principio es atravesado por una   culebrilla- -parece que no se hayan enterado que han de invernar-. Pero transcurridos unos metros en medio de la senda aparecen losas de piedra con un grado de inclinación elevado por la que temo resbalar si pongo algún pie mal y el final es una caída libre al mar. Recuperamos el camino inicial casi andando a cuatro patas y cuando lo hago me enfado con Angel. Algo también parece haber cambiado en él que le ha hecho variar su sempiterna prudencia y análisis de los riesgos y le digo que además, él parece no ser consciente de ello, lo que lo hace más peligroso. Tras recuperar el camino, lo volvimos a dejar cerca de la fortaleza para asomarnos a ella. Parece habitada y de propiedad privada.

Llegamos a la auto a las 13,00 horas por lo que decidimos acercarnos a la Isleta del Moro a comer. En nuestro camino vemos una señal que indica la Torre de los Lobos, pero la carretera parece muy estrecha y la torre se ve en lo alto de un cerro, así que decidimos proseguir . Tras una subida de vértigo (pendiente del 10%) la carretera parece acabarse en un abismo que apunta al mar: Nos encontramos frente al mirador de las amatistas, un bonito balcón desde el que se divisa una preciosa vista de la costa sur, hacia San José.  La carretera discurre paralela a la costa hasta que llegamos a la Isleta. Vemos un grupo de autocaravanas que disfruta apaciblemente del sol en una zona baja, cercana a la playa. Nosotros decidimos ponernos en la parte superior rodeados de unas impresionantes vistas.
Tras comer nos acercamos al pueblo, semivacío y con cierto encanto. Recordamos que hace 25 años unos amigos nuestros nos contaron que les gustaba pasar unos días aquí pero hablaban de un hotel y  casas de pescadores. Nada que ver con lo que hay ahora aunque sigue siendo tranquilo y parece un sitio agradable para descansar.

Nos dirigimos a San José directamente ya que Angel necesitaba echar una primitiva a medias con los compañeros de trabajo y únicamente era posible en Carboneras y en esta última localidad. Yo  tenía pensado pasar la noche en alguna de sus preciosas playas vírgenes.

Tratamos de localizar la playa de la Higuera,  en el extremo norte de San José, pero el camino desciende vertiginosamente y no somos capaces de ver el final. Nuestro cupo de tránsito por caminos de cabras estaba cubierto por hoy, así que decidimos dejarlo y dirigirnos a San José. Pero la Lotería solo abría por las mañana, así que resolvimos la situación telefoneando para que nuestro hijo la hiciera y la echara en Madrid.


Ahora, liberados ya de nuestras obligaciones, ponemos dirección a la Playa de Monsul y de los Genoveses. Mi idea inicial era pernoctar en alguna de ellas, pero hay señales de prohibición y nos cruzamos con autocaravanas que regresan. Parece que la gente se lo toma en serio, así que después de valorar dormir en un aparcamiento en San José, lejos del mar y recordando El Playazo, no lo pensamos mucho y decidimos regresar aquí. Pero antes, dejamos aparcada la autocaravana en el primer aparcamiento que indica la playa de los Genoveses y dimos un corto paseo hasta ella. Es un sitio salvaje, con una belleza peculiar. La luz del sol extiende sus brazos por ella pintándola de tonos dorados y alargando las sombras. El agua bate serenamente contra la arena. Unos cuantos como nosotros disfrutan de estas últimas horas del día acariciados por esta tenue luz dorada que intensifica su color sobre la arena. Pero debemos regresar o la noche nos sorprenderá.

 La claridad del día va dejando paso a la noche mientras nos acercamos a El Playazo. Una vez aquí, compruebo que existe un cartel –igual que en la playa de los Genoveses y en la Isleta del Moro- de prohibición para autocaravanas que no habíamos visto antes. Pero el sitio es tan hermoso….que decido no decir nada a Angel no sea que diga que regresemos a ese aparcamiento de San José, y nos quedamos allí.  Definitivamente, el chip me ha cambiado el 4 de julio. Pensar que me pueden pillar y amargar, no solo la noche si no estos días, me da igual. Si me pillan, me han pillado, pero el lujo me lo he dado. Y si no, les hago una buena pedorreta. Hace un año…no pensaba así.

La noche invita a salir y así hago. Una docena de autocaravanas  dormitan desperdigadas. Una impresionante luna refleja su luz sobre el mar extendiéndose hasta la arena de la playa. Y el sempiterno monótono ruido de las olas muriendo…

En un lugar del camino recupero la cobertura y decido llamar a Raul para decirle dónde y en qué condiciones estamos.  Y solo se oye el ruido del mar de fondo por lo que incluso susurrando siento que estoy violando el silencio y la paz del lugar. Regreso a la autocaravana y a las 22,00 h estamos ya en la cama.

28 de diciembre de 2012. Rodalquilar-Faro del Cabo de Gata.

A las 2,30 oigo un par de veces el bip-bip-bip. Angel duerme a pierna suelta. La luz de la luna entra por la claraboya e ilumina el lado de mi cama. Qué lujo!.  El ruido desparece. Menos mal, porque le veía en pijama tocando el cable correspondiente. Consigo dormirme de nuevo hasta las 5,30 en que me pongo la radio y estoy despierta hasta las  7 en que doy una pequeña cabezada de media hora.
A las 7,30h abro el ojo y doy un salto de la cama: no me puedo perder el amanecer en esta espectacular playa. Angel dice que se queda. Veinte minutos después salgo. Todos parecen dormir. Está amaneciendo y la temperatura es fresca, tanto que la pobre Tula tiembla de frío y quiere volver a la auto, pero obediente como es, espera pacientemente metiéndose entre mis piernas buscando calor. Estamos las dos solas.
En el horizonte se marca claramente la línea oscura del mar y otra por encima de tono rosado que poco a poco va volviéndose de un tono  más  intenso. Veo como suavemente se pintan varias gamas de este color. La silueta de barcos faenando se recortan negruzcas sobre este horizonte.

A las 8,15 empieza a asomar tímidamente el disco dorado del sol que se abre paso surgiendo de la profundidad del mar e iluminándolo todo con su luz. Los tonos grisáceos se convierten en vivos colores y las sombras son desterradas. La luz lo inunda todo y llega la vida...Los rayos dorados del sol iluminan una franja del mar hasta la misma arena de la playa como queriendo acariciarla.

Creo que no he visto un amanecer tan bello como este. O lo he contemplado con otros ojos, porque amaneceres he disfrutado algunos en mi vida, entre ellos algo tan especial como el sol de media de noche. Es igual....No soy capaz de pensar en nada, solo de emocionarme con este espectáculo tan hermoso que tengo frente a mis ojos.  Solo se oye el rumor de las olas batiendo sosegadamente en la playa, entregándose a ella en paz....Una belleza...Y pienso que he estado a punto de no volver a ver ningún amanecer más....
https://www.youtube.com/watch?v=J4aOX13FL0Y

Regreso muy despacio, intentando asimilar y archivar no solo las imágenes sino las sensaciones y emociones que he ido experimentando.

Angel ya está levantado. Desayunamos y ponemos rumbo a San José a una calle en la que alguien del foro de acpasion había comentado que había una toma de agua. Pero una vez allí, no la encontramos y preguntando nos dicen que la han quitado y que posiblemente en el pozo del fraile, en la noria junto a la carretera haya una fuente.

Antes de ir, decidimos  acercamos al camping Tau, a pocos metros de donde estamos. Es donde estuvimos 25 años atrás, con nuestra tienda de campaña, y si entonces estaba a las afueras del pueblo, ahora ha sido engullido por éste, aunque sigue conservando su encanto.

Ponemos rumbo al final de la pista que va recorriendo las playas. Dejamos atrás el aparcamiento de la playa de Monsul para continuar hasta donde muere, en una explanada  pequeña donde una puerta cierra el paso (36º 43'59.23”N; 2º 8'51.56”O). Encotramos una bonita señal de prohibición de aparcamiento pero en ese momento un empleado está abriendo las puertas y a nuestra pregunta nos dice que en la época en que estamos y no siendo fin de semana, no cree que tengamos ningún problema para dejar la autocaravana allí. Aprovecho además para preguntarle por el tiempo que nos llevará llegar a la Torre de Vela blanca, a donde habíamos pensado ir, e información para ir esta tarde al faro del Cabo de Gata. 

Decidimos dejar la autocaravana pero antes de iniciar nuestro pequeño recorrido descendemos hacia la cala del Carbon por un sendero que parte a nuestra izquierda. Esta pequeña y escondida cala es toda una belleza, con unas aguas claras donde las rocas (andesitas, de origen volcánico) han adoptado formas caprichosas construyendo un puente y unas balsas de agua transparente y limpia.

Retomamos la pista y comenzamos a ascender hacia la torre. Es un ascenso suave y las vistas que vamos disfrutando son impresionantes. De frente a lo lejos se muestra la silueta de la Torre de la vela Blanca y cuando paramos y volvemos la vista atrás aparece ante nosotros un espectacular paisaje donde las suaves y ondulantes lomas oscuras y desnudas de vegetación van a morir al mar de un intenso color azul. El sol lo ilumina todo destacando aún más estos vivos contrastes. La temperatura es deliciosa, incluso hace calor.

Continuamos nuestro camino por esta pista polvorienta y la única parte un poco más negativa del camino es que hay que dar una considerable vuelta para salvar el barranco de la Parra y se hace un poco largo.

Las abruptas paredes de roca volcánica -que en algunos puntos me recuerdan vagamente a algunas paredes que vimos en Irlanda del Norte en la Calzada de los gigantes- están cuajadas de palmitos y espartos y otras especies vegetales, muchas de ellas en flor. Parecen no saber que estamos en diciembre, aunque por la temperatura tampoco se diría. Estamos en manga corta y el sol aprieta.

Enfrentamos ya el último tramo hasta llegar al final de la pista donde otras puertas cerradas tienen un cartel con información sobre la ruta  y a donde llega una carretera que es la que pasa por el faro de Cabo de Gata. Hacemos un último esfuerzo y coronamos hasta la torre. Hemos tardado unos cuarenta y cinco minutos. Desde aquí arriba contemplamos a nuestra derecha el cabo de Gata y su Faro y a la izquierda las lomas que conforman parte de este bello parque natural del Cabo de Gata, su costa y un impresionante mar azulado.
Emprendemos el regreso y mientras lo hacemos nos vamos cruzando con otros  caminantes y ciclistas.

Hora y media después estamos de vuelta y nos dirigimos con la autocaravana al aparcamiento de la playa de Monsul. Turismos y autocaravanas estás aparcados a lo largo del camino, cuando hay una prohibición expresa de no hacerlo. Lo podría comprender si el aparcamiento estuviera lleno, pero no es así.

Nos encaminamos ahora a esta hermosa playa, de la que recuerdo la llamada roca de la peineta. Pero prácticamente es el único que tengo. Qué curiosa es la memoria!. Tendría entonces 26 o 27 años, bien joven para tenerla  fresca....Un
grupo de jinetes llega a la playa y me muero de ganas. Deseo cumplir un sueño: galopar junto al mar. Confieso que había hecho una llamada para alquilar uno, pero me dijeron que tendría que invertir cuatro horas en la excursión: dos o tres entre la ida la vuelta y luego una para  estar por allí. Demasiado tiempo para dejar a Angel solo así que tuve que renunciar. Pero  observe que si bien entraron en la playa,  no se acercaron a la orilla. Espero cumplir algún día mi sueño, aunque  el tiempo corre implacable en mi contra.

Pero vuelvo a la playa. La de Monsul es una de las mas bonitas de esta zona por su ambiente virgen, una preciosa duna dibujada en uno de sus laterales y las rocas volcánicas que la enmarcan. En el centro aparece una característica roca conocida como la roca de la Peineta por su forma.
Ahora se ha levantado un viento fresco que hace que echemos de menos algo de abrigo, así que la dejamos para dirigirnos por un sendero a la playa de la Media Luna, recogiendo antes un par de jerseis que nos protejan de este viento frío. Esta cala, recogida y acogedora, es tambien hermosa, como todas. En un extremo, protegidos del viento por las rocas y apoyadas nuestras espaldas en ellas,  nos desplomamos. Y yo quedo tal cual, despatarrada con la cara hacia el sol, sintiendo su calor. Así permanecimos una media hora, pasada la cual...únicamente pude cambiar de postura. Y  me tumbe poniendo mi cabeza sobre las piernas de Angel. Otro ratito más disfrutando de esta deliciosa paz, acariciados por el sol. Pero nuestros estómagos nos avisaron de que la hora de comer había llegado, así que regresamos a la autocaravana lenta y pesadamente, comimos y dimos una tranquila cabezadita hasta las 16,00.

 Ahora los días son cortos y la noche empieza a caer poco después de las 18,00 asi que tenemos que partir si queremos hacer lo que tenemos previsto, que es ver la puesta de sol en el faro del Cabo de Gata.

Tenemos que cargar agua, ya que Angel avisa de que casi no tenemos. Me sorprendo, ya que nuestra camper nos daba autonomía para unos cuatro días, siendo cuatro personas con una ducha incluida para todos. Pero también es cierto que este depósito parece mas pequeño.

Paramos en el pozo del fraile, le pueblecito inmediatamente después de San José y en la noria que hay junto a la carretera comprobamos que había una fuente. Pero la maniobra para echar agua directamente era complicada, primero porque al aparcar junto a la fuente interrumpíamos el tráfico y casi en una curva, además de encontrarse a cierta distancia. Decidimos dejarla en sentido contrario, abrir el depósito por dentro cargándola a cubos. Artesanal.

Nos dirigimos al faro del cabo de Gata, con la idea de ver la puesta de sol. El navegador nos da hora de llegada a las 5,35. Un poco justos. Dejamos atrás las salinas y la fabriquilla, donde pensamos pernoctar y comenzamos una pequeña  subida.
Pronto nos encontramos con el temido tramo donde la carretera se estrecha permitiendo unicamente el paso de un solo vehículo. Tocando el claxon y con cuidado, conseguimos salvar este corto trayecto  sin mayores problemas para llegar al faro.
Nos asomamos para contemplar el arrecife de las sirenas  llamado así por ser el último refugio de las focas monge. Al sol le faltan 15 minutos para su ocaso y yo tomo posiciones. Espero, y a las 18,00 horas comienza el espectáculo que da por finalizado el trayecto del sol que  comenzó las 8,15 de la mañana en El Playazo. A excepción de una pareja de moteros, estamos solos. Lentamente el disco solar comienza a descender  tiñendo el horizonte de tonos rosados que comienzan a transformarse en dorados que se hacen cada vez más intensos. El sol, en un último esfuerzo, desparrama sus rayos por el mar, pintándolo también de su color. Y súbitamente se sumerge en el horizonte. Y ahora el proceso se invierte: empieza a aparecer la línea rosada en el horizonte, que poco a poco pierde intensidad haciéndose  más tenue hasta oscurecerse.
Hermosa puesta de sol, pero no tanto como su amanecer…

Decidimos ahora ir dejando  el lugar e iniciar el regreso esperando no cruzarnos con nadie en esta parte estrecha y menos a estas horas, pero....aparece de frente un turismo francés. Ambos nos quedamos parados uno frente a otro.Al poco vemos que comienza a dar marcha atrás, pero  se detiene. Angel se baja y mira supongo que para valorar si puede moverse, a lo que yo me niego. Así que el otro vehículo vuelve a dar marcha atrás hasta esconderse en un pequeño ensanche. Menos mal! Ya podemos pasar.

Una vez en La fabriquilla, seguimos los consejos de ponernos en la zona asfaltada y no en la playa para evitar posibles sanciones. Y aquí estamos, cansados y a las 20,30 pensando en cenar e irnos pronto a la cama. Mañana parece un día tranquilo.

29 diciembre de 2012. De Almeria a Alhama de Almeria pasando por Fort Bravo (desierto de Tabernas)
Alhama de Almeria. 19,20H. Hemos venido aquí guiados por un impulso. Los dos, que es lo que más me sorprende, porque que yo tenga esos prontos es más explicable, pero Angel....lo achaco al revolcón de julio...Me explico. Hace 4 años en el encuentro de Acpasion en El Escorial conocimos a unos almerienses de esta ciudad que además de cocinarnos un pisto exquisito, nos invitaron a visitarlos en su ciudad ya que tenían una finca con bonitas vistas. Pero ni siquiera teníamos con nosotros su número de teléfono, ya que nuestra idea era regresar a dormir hoy a Almería. Pero después de pensarlo valoramos que hacer 100 kilómetros (50 de ida y otros tantos de vuelta) para que a lo mejor no nos gustara el lugar de la posible pernocta, no merecía la pena, así que decidimos no deshacer el camino de regreso y no hacer más kilómetros de los necesarios.
Esta noche ha vuelto a sonar el maldito bip-bip-bip. Angel ha salido, ha tocado algo y no ha vuelto a rechistar. Menos mal.

He intentado empezar el día como lo hice ayer: con un bonito amanecer. Aunque el sitio no era tan bello, podría servir, así que me he vestido y he cruzado la carretera que me separaba de la playa. Pero el propio Cabo impedía que disfrutara del sol emergiendo de las profundidades del mar aunque he disfrutado de otro espectáculo, diferente, pero hermoso: la luna colgada del horizonte sobre la bahía de Almeria y reflejando sus rayos sobre un mar que mas parecía un lago. Los colores rosados que se han ido tornando en mas intensos, y a la vez, se iba apagando el brillo de la luna y sus reflejos plateados dejaban de pintar el mar. Y aquí se ha sostenido en una suave resistencia pasiva, esperando a que  el sol victorioso ha aparecido  frente a ella,  para entonces apagarse…

 Cuando los primeros rayos del día han iluminado tenuemente las laderas frente al cabo, he comprendido que no podría disfrutar del  amanecer. Mientras me tomaba un zumo, calentita dentro de la auto, los intensos colores rosados  y anaranjados han palidecido y solo en la línea del horizonte donde se cierra el cabo y por donde debe aparecer el sol, había un ligero tono dorado que marcaba la distancia entre el tono azulado del cielo y el intenso azul del mar. Y la luna se ha rendido al sol y se ha apagado.

Después de esta literatura sin mayor interés, repasamos el plan del día: ir a Fort bravo al desierto de Tabernas y después de comer, regresar a Almeria a dormir.

Así que alrededor de las 10 ponemos proa a este lugar. En nuestro camino encontramos un mercadillo ambulante y aprovechamos para comprar fruta y verdura diversa. De regreso al aparcamiento comprobamos que no nos hacemos con la alarma: o algo hacemos mal, o algo va mal. Decidimos no hacer más experimentos ni comprobaciones y continuar nuestro camino hacia nuestro primer y único destino de hoy.

Ford Bravo se encuentra a un kilómetro más o menos antes de Tabernas si venimos por la autovía desde Almería. Para encontrarlo hay que salir en dirección a esta localidad. En la carretera hay señales y a la entrada nos recibe un  actor montado en su caballo blanco dándonos la bienvenida. Una pista que transcurre por una rambla nos lleva a la entrada de este poblado. Lo habíamos escogido siguiendo los consejos de Loli (y Conrad de Magazine onroad) que después de visitar otro poblado se decantaron por éste por considerarlo más auténtico, así que como me encanta ser aconsejada, no lo dudé.
Su horario es de 9 a 18 h, del 22 de diciembre al 6 de enero. Luego los fines de semana únicamente. (http://www.fortbravo.es/  Tlf. 950.16.54.58. 16,50 euros adultos y 9 los niños )

La construcción de este poblado data de los tiempos del director Sergio Leone, Juan García  y la productora P.E.A. Grimaldi.  Se  puede ver, además de uno  americano, uno mejicano, y tiene espectáculos a distintas horas con la escenificación del atraco a un banco y  en el salón,  un baile de can-can y una divertida partida de poker.

Entramos la calle principal y vemos al fondo un grupo de gente que observa la puesta en escena del atraco a un banco. Aunque nos pilla un poco a contrapelo y nos incorporamos tarde, nos resultó muy divertida consiguiendo atraparnos y sumergirnos  en el far-west americano, con toques muy españoles que lo hacen mas cercano sintiéndote levemente trasladado un poco más de un siglo atrás a tierras tan lejanas y salvajes. Es un espectáculo que entretiene a chicos y grandes, -y tengo que admitir que  no iba muy bien predispuesta- con lo cual, que me entretuviera, me atrapara y que ahora esté dando una buena opinión de él, tiene su mérito. -en una palabra: soy bastante crítica con este tipo de espectáculos casi circenses destinados a guiris aburridos y éste me entretuvo.

Al finalizar dimos un paseo por el poblado. Perderse por sus calles, colarse por la puerta abierta de alguno de sus edificios, adentrarse en  el poblado mejicano o en el fuerte, consigue transportarte por breves instantes a otra época haciéndote sentirte protagonista de alguna extraña película. Con poca imaginación puedes sentir el esplendor de una época no tan lejana en la que se rodaban los famosos “espagueti western” algunos tan conocidos como “los 7 magníficos”o “el bueno el feo y el malo” de 1966, “Hasta que llegó su hora” de 1968 y otras como “Indiana Jones y la última cruzada” de 1989, “Lawrence de Arabia” de 1962 u otras más recientes como “800 balas” de 2002, “Doctor Who” o la serie “la reina de espadas” entre el 2000 y 2001.

Ahora, si dejas que el silencio y la melancolía te rocen levemente, puedes también sentir ese sabor agrio que deja la estela de un tiempo mejor.

Pero para mi este lugar ejerció una atracción especial y el deseo de pasear a caballo por un lugar tan emblemático se apoderó de mi y me centre en conseguir un paseo, por breve que fuera.

Es en el salón donde se concierta el alquiler de caballos 30 Euros una hora, 15 media e incluso un cuarto de hora, para aquellos que deseen sentirse algo protagonistas de una vieja película vaquera. Pero cuando pedí poder galopar y trotar por el entorno, me dijeron que no podía ser ya que los caballos eran montados principalmente por niños  y no permitían que se galopara con ellos. Pero no suelo rendirme fácilmente así que ataqué pensando en  los caballos que montan los actores especialistas. Una galopada pequeña en un recorrido de media hora no podría cansarles mucho, ya que hay que tener en cuenta que tienen que seguir trabajando en el espectáculo. Así que  pedí información a  uno de los actores que me debió ver con tantas ganas , que me  aconsejo preguntar por otra persona.

En mi búsqueda, llego la hora de la respresentación del can-can protagonizado por dos bailarinas caracterizadas y otros actores que daban vida a vaqueros y el sherif. Éste, dentro del salón, resultó también entretenido y sobre todo, divertido. Los actores implican al público y al margen de que lleven su papel preparado, hacen comentarios muy ingeniosos e hilarantes. También consiguió atraparme con su magia. Bien por ellos, un equipo divertido y muy bien coordinado.

Después de hablar con  la persona que me aconsejaron y  con quien seria mi guia,  uno de los actores llamado Ricardo, acordamos que me podría dar un breve paseo. Me asignaron a Capitán, un tordo grande y noble, pero una vez arriba comprobamos que los estribos eran demasiado largos en su punto más corto y yo tengo las patitas cortas. Con las sillas inglesas se da una vuelta a la correa y arreglado, pero con estas es imposible.  Ricardo intentó resolverlo sobre la marcha haciendo algún agujero más, pero la herramienta no nos lo permitió así que optamos por cambiar la silla y
poner otra con los estribos más cortos, pero tampoco lo conseguimos: seguían siendo largos. Pero...sufrí las consecuencias  del revolcón de julio y si bien yo  cuando monto  lo hago con.  botas, guantes, casco e incluso chaleco, aquí  no me lo pensé dos veces y además de carecer de todo esto, iba  casi sin estribos. Asé de inconsciente -quien me ha visto sobre un caballo y quien me ve ahora- salí con mi joven actor acompañante, Ricardo que montaba un bonito pinto.

Dimos un breve paseo al paso  por el poblado para salir a un entorno que tiene un encanto particular. Es distinto. Árido, seco, erosionado, pero  tiene una belleza singular, extraña, como de otro planeta. A lomos de un caballo esa belleza se duplica y si para galopar jinete y caballo tienen que sumar sus movimientos fundiéndose en un abrazo especial, un entorno así consigue que la compenetración entre ambos se realice sin ningún esfuerzo  y aunque no se conozcas al animal. Galopamos, trotamos, fuimos al paso y hablamos de lo divino y de lo humano, de su trabajo y de una pasión que compartíamos los dos, los caballos, hablando de como había veces que establecías con algunos animales  una conexión  tan especial que  permitía que te pudieras anticipar a sus deseos y a veces, él a los tuyos, lo que es difícil de explicar para quien no es una apasionado de estos animales. Nos descubrimos   además mutuamente el sueño de poder galopar en una playa con los cascos de nuestros caballos golpeando y  salpicando el agua a ambos lados...El, por su juventud, tan solo 21 años -Dios! Quien los pillara....!- podría realizarlo con facilidad. Yo como no me apure un poco  ...lo veo mas difícil. O mi cuerpo me dice que ya no estoy para estos “trotes” y esta afirmación casi sería literal, o alguno me pega un revolcón bueno y no quiero verlos ni en pintura.

Paseo breve  pero intenso, suficiente  quizás para quitarme esa ansia que me entro. Lo ideal para disfrutarlo al 100%: unas buenas botas, una hora  en la que te da tiempo a conocer al animal, una silla inglesa (no me acostumbro a estas otras) y ….unos estribos adecuados. Pero saqué provecho a lo que tenía en el momento. Y disfruté. Un escenario único, un animal bien domado, noble y tranquilo y una buena compañía. Casi perfecto.

Terminamos nuestro paseo con unas cuantas fotos que nos hizo Angel y despidiéndome muy agradecida a Ricardo, a quien con sus años, le deseo una vida llena de muchas cosas buenas, pero sobre todo de….caballos, todos los que quiera y más aún.

Pasamos a disfrutar del espectáculo que habíamos encontrado a la mitad, el asalto al banco, que resultó más entretenido y auténtico que el del salón quizás porque  los caballos le dan un regusto  especial  sumergiéndote más en este pasado lejano e incluso irreal.

Aunque no nos habíamos dado el paseo en la carreta de caballos que incluía la visita, la hora nos empujó  a comer para luego regresar, a darlo. Tan solo íbamos los dos y el conductor, así que  no pude resistirme a, después de preguntarle como se guiaba un carro, tomé las riendas con mis manos. Solo dos mulas y me resultaron complicadas de manejar. No me imagino lo que deben ser cuatro e incluso seis, algo que nos parece sencillo visto desde fuera. Divertidas estas dos: la una mordía a la otra y según nos contó lo hacía cuando consideraba que la otra no trabaja lo suficiente y le dejaba  gran parte del trabajo a ella. Si nosotros hiciéramos lo mismo con alguno de nuestros compañeros de trabajo, otro gallo nos cantaría. A veces los animales demuestran tener más sentido común que los humanos.

Tras este breve paseo -y  rápido ya que nuestro conductor las pidió “alegria” e incluso llegaron a galopar- dimos por concluida nuestra visita, que si bien iba a ocupar como mucho hasta un poco después del espectáculo de las 12,30, nos llevo hasta las 5 de la tarde hora en la que dejamos este poblado del que me llevo un recuerdo muy hermoso, pero sobre todo de sus principales protagonistas, los actores, que en todo momento se muestran cercanos a la gente y  tratan de agradar y divertir a los que estamos allí. Por muchos años....su entusiasmo y dedicación así lo merece,

Decidimos no regresar a Almería y poner rumbo a donde nos encontramos ahora, aunque no hemos conseguido encontrar a quien buscábamos, que ha resultado ser Ramon y digo esto porque solo teníamos el vago recuerdo de una pareja que conocimos en el encuentro de Acpasion de El Escorial y que ofrecieron su hospitalidad si pasábamos cerca de su localidad. Curiosa la movida que organizamos. Sin ni siquiera recordar como se llamaba ni saber donde  vivían, iniciamos la búsqueda de una pareja de la que solo sabíamos que tenían autocaravana, que su casa estaba en la falta de una montaña y que eran un poco mayores que nosotros. Con estas “señas” nos enviaron a  una casa que resultó no ser la de ellos.. No obstante siempre resulta sorprendente como aquellos que realmente compartimos esa filosofia de viajar en autocaravana, nos echamos siempre una mano y nos mostramos solidarios, así que nos ofrecieron su jardín para pasar la noche, y lo que pudiéramos necesitar de ellos. Nos dijeron que Ramón no solía estar en el pueblo así es que cayendo ya la noche, optamos por ir al aparcamiento que la primera pareja a la que preguntamos nos aconsejo, amplio, plano, tranquilo y en el centro casi del pueblo donde pasamos una agradable y tranquila noche para iniciar el regreso completo a la mañana siguiente llegando a casa sin nada relevante que relatar.

Mª Angeles del Valle Blázquez
Boadilla del Monte. Marzo de 2013


Algunas fotografías más.

Hacia la playa del Plomo

El Playazo de Rodalquilar
Playa del Arco
Playa El Genovés
Cala Carbón
Monsul
Fort Bravo